Siempre había oído hablar de ir de viaje isla de ons, pero por algún motivo la fui dejando pasar. Que si ya iré, que si es parecida a las Cíes, que si no tengo tiempo. Hasta que este verano decidí, sin muchas expectativas, hacer una escapada de un día… y fue una de las mejores decisiones del año.
Salimos desde el puerto de Bueu en barco, con reserva previa (porque el acceso está limitado para preservar el entorno). El trayecto ya fue una delicia: mar en calma, brisa fresca y el murmullo de los pasajeros que, como yo, iban con ganas de desconectar.
Cuando llegamos, lo primero que me sorprendió fue el silencio. A pesar de ser verano, no había multitudes ni ruidos molestos. La isla te recibe con una paz que no se encuentra fácilmente. Caminamos desde el muelle hacia el interior, siguiendo un sendero que serpentea entre árboles, helechos y pequeños claros desde donde se ve el mar.
Una de las cosas que más me gustó fue lo natural que se siente todo. No hay coches, ni grandes construcciones. Solo caminos de tierra, casitas bajas, y un paisaje que cambia constantemente entre acantilados, playas y zonas boscosas. Subimos hasta el mirador de Fedorentos, donde el viento sopla con fuerza y las vistas te dejan sin palabras. Es uno de esos lugares en los que te das cuenta de lo pequeños que somos frente al mar.
Después de la caminata, bajamos a la playa de Melide, una de las más bonitas que he visto. Arena blanca, agua cristalina y fría (sí, mucho), y un ambiente tranquilo. Pasamos allí un buen rato, comiendo lo que habíamos traído y dejando que el tiempo pasara sin prisa.
Lo que más me marcó de este viaje fue la sensación de estar completamente fuera del ritmo habitual. En Ons, el móvil apenas tiene cobertura, no hay prisas ni agendas. Solo tú, el paisaje y el sonido de las olas.
Volvimos por la tarde, cansados pero felices. Me prometí a mí mismo que no sería la última vez. La Isla de Ons no es solo un destino bonito: es una experiencia que te limpia por dentro. Si necesitas un respiro, no lo dudes. A veces, lo mejor está más cerca de lo que creemos.