Cuando surgió la oportunidad de integrarme al equipo de gestión y operaciones del parking Lavacolla SCQ, lo vi claro. Para muchos, un aparcamiento de aeropuerto no es más que una gran explanada de asfalto y líneas blancas, pero para quienes entendemos de verdad la logística de los desplazamientos, es el verdadero kilómetro cero de cualquier viaje. El Aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro es el gran pulmón aéreo de nuestra comunidad, y saber que iba a ser parte del engranaje que mantiene todo este volumen de viajeros en movimiento me pareció un reto profesional fascinante.

Mi primer día me confirmó que esto va muchísimo más allá de vigilar coches o levantar una barrera. Aquí trabajamos con los tiempos y, sobre todo, con la tranquilidad de los pasajeros. Quien llega a nuestro parking suele venir con la mirada fija en el reloj, repasando mentalmente si lleva el DNI y los billetes de embarque. Nuestra misión —y lo que más me atrajo de esta oportunidad laboral— es transformar esa ansiedad inicial de los preparativos en absoluta comodidad. Recibir el vehículo, garantizar un proceso de check-in rápido, asegurar la plaza y ofrecer un acceso inmediato a la terminal es fundamental. Somos la primera cara amable que ven antes de despegar y la última que los recibe al aterrizar.

El dinamismo en las instalaciones es absoluto y requiere una capacidad de adaptación constante. A primera hora de la mañana, gestionamos el flujo rápido de los viajeros de negocios que necesitan agilidad extrema y procesos automatizados. Más tarde, el perfil cambia: llegan las familias cargadas de maletas y de ilusión por sus vacaciones, o los peregrinos que, tras finalizar su ruta, emprenden el vuelo de regreso a casa. Coordinar las reservas previas, optimizar los espacios en las distintas zonas y asegurar que la rotación de vehículos fluya sin cuellos de botella exige una precisión casi milimétrica. Es un trabajo de gestión pura donde no hay margen para la improvisación; cada plaza cuenta y cada minuto del pasajero es oro.

Además, la posición estratégica de este aeropuerto implica que recibimos a clientes de toda la geografía gallega. Gestionar unas instalaciones aquí significa entender que muchos usuarios han conducido un buen tramo para llegar, buscando la confianza total de dejar su coche en buenas manos durante días o semanas. Saber que nuestra eficacia permite que esa persona se suba a su avión sin mirar atrás, con la certeza de que su vehículo está seguro, vigilado y bajo control, resulta tremendamente gratificante.

Asumir este puesto en Lavacolla ha sido entrar de lleno en el corazón de la logística aeroportuaria. No me limito a organizar un estacionamiento; gestiono el principio y el final de la experiencia de viaje de miles de personas. Es un desafío constante y un entorno vivo donde la rapidez, la organización estratégica y el trato humano se cruzan todos los días.